EL CRIADOR

He criado unos pájaros iridiscentes en su negrura,

con el efecto de la gasolina masajeado sus plumas

y el coraje de sus garras vertiéndose caldoso sobre mi tutela.

No usan la jaula, no cantan mas allá del graznido,

vuelan en torno a mí protectores y herméticos,

despliegan sus alas de murciélago en el cielo claro

y todo lo vuelven sincero, brutal desde su escasez.

Yo cazo pequeños ratones en forma de serpiente,

de colores anaranjados y vientres verdosos se los ofrezco,

les preparo también papillas de jugos concentrados

y alpiste salvaje, los unto de sebo en las noches de invierno

para protegerlos del frío inclemente, en esta taiga violenta

yo igualmente me unto, bajo la misma luz tenue que tiñe el invierno.

Estar preocupado por sus vuelos colma mis días, abre mis vías respiratorias,

paseo con ellos al acecho respirando el aire dulce de las piedras sedosas,

de las pequeñas presas les marco su posición disonante y

los jaleo mientras clavan sus picados sobre las hierbas peinadas

de blanco, mientras elevan su vuelo de sangre alzando a la presa.

Un día, de madrugada, las altas horas de la saliva

en sus picos se volvió dorada

y en otra ocasión, después de un lento regreso,

las puntas de sus plumas se hicieron de espejo

y me reflejé troceado sobre sus lomos de plata

hoy, que estamos al cobijo del techo cargado de polvo,

calmando nuestra ira en la lluvia constante,

el cobre ha aparecido supurando en sus uñas

y yo me maldigo por ser tan necio para comprenderlos

y bendigo la inocencia de cada vuelo que fue suyo.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s