EL CIERVO ADVIERTE

Desde este adentro de ballena hedionda no podréis ver que las cosas existen, perderéis el ritmo de las aguas a su paso, la línea marcada por las aves a su vuelo,
el velo que cae sobre una noche nublada o la arcaica presencia del rayo en su esmero.

Desde este adentro de barrotes lamido no podréis oler el pelaje del cerdo,
negaréis el sabor espeso del fruto terroso, la cálida mecedora de sus caderas silvestres, la nieve blanca de los días de Enero o el canto irisado de las bestias en celo.

Desde este adentro impasible no podréis acercaros al viento en su risa dichosa, despreciaréis al valiente colmillo del lobo, el cándido verso del crujiente frondoso, de las flores rosáceas perderéis el sabor o sus manos calientes acariciando tu cuerpo.

Desde este adentro marchito no podréis salivar la abundancia de bosque en su leche, caminaréis desprovistos de lanza y puñal, las presas del mundo dejarán de ser presas, la miel en los labios nomás un recuerdo o sus besos sabrosos olvidos ganados.

Desde este adentro desecado no podréis sorber ya el jugo en su sano bocado,
hablaréis sin la voz del canto heredado, las tiernas madres que un día lo fueron,
en los huesos el calcio se consumirá desprovisto o su fino cristal enmudecerá por ser necio.

Desde este adentro templado os desharéis solo con ver los pastos ardiendo,
cercenaréis vuestra huida antes de paladear el impulso, la sangre hirviendo no es corajosa, en las manos curtidas no hallaréis el poso del sabio o la suavidad de su tacto
os negará como hermanos.

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