LAS FLORES

Así como germinan desde la belleza descamisada, así como ferozmente galopa el grumo sobre el brazo, así como han venido vestidas de esfera ardiendo

se mueren las flores,

las rosas bárbaras y los jazmines del hielo,
y hacéis bien en ignorar las crueldades antes de la caída
pero deberíais coquetear con la distancia antes de arder como cerillas, antes de ver arder vuestro norte en las glicinias y en las azucenas, habréis desvestido sus piernas pero jamás las habréis usurpado,
las habréis saboreado sanas de su esencia, inflamadas en el gozo terrestre pero sus pétalos solo a ellas les pertenecen,

y a los salados minerales que se evaporan desde su piel, salados sabores que repelen al amor por la belleza,
que repelen nuestras almas cuando sabemos que son libres como amapolas y nosotros nomás ganado paciendo la continuidad verdosa.
Así como germinaron desde nuestra marchita espera,
así como ferozmente galopan sobre nuestras mejillas,
así como de reales se prestaron a nuestra saliva
se mueren las flores,
las dalias amargas y las petunias obscenas,
y habréis de aprender entonces a sudar fuerte por sus pétalos derramados, por sus corolas sangrantes habréis de llamar al cielo,
tendréis que resbalar sobre lo aprendido para que su escozor suceda,
para regresar a la realidad del terruño donde nos hemos criado,
a los sabores ásperos del solar baldío,
del trepidante aullador nocturno haciéndonos hermanos
por el constante fracaso abrazado a nuestras piernas,
porque todas las flores se mueren.

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