AL DESPERTAR BLANCO

En la senda traspasada por el cuerpo frágil,

en la línea continua del asfalto labrado,

delgado de todas las imágenes que se difuminan,

delgado del abrazo ingenuo y del coma plácido,

las luces de un auto se desplazan hambrientas

arrancando las cabezas de la tierra en la cuneta.

Aún no había despertado cuando la senda traspasó todo tu cuerpo

y yo me veía arruinado de tanta realidad,

de tan cruda carencia,

para que mis huesos reflejados fuesen mucho más reales

que tu carne adolescente.

HAMBRE POR CONVICCION

Al despertar la hierba inerte danzando leves zarpazos,

sus finos dientes dándose de comer, nosotros carentes,

la necesidad del hambre galopando sobre las mejillas y tú,

caliente cama, necesidad de comer el rojo destello de tu carne.

 

Rugiendo en la rienda partida hemos avanzado desiertos

y exhalando futura la miseria hemos visto coqueta a la debacle,

cenáculos de reptiles bailando al sol que más calienta,

planchados sobre la piedra son ociosos sus corsarios,

sus trajes bien bordados, su carne una quimera,

y su tropel pasivo es el culpable ahora, ,

de que maten escasos a los lobos en la pradera.

 

No lloren sobre sus hijos lágrimas rosas,

los ojos acallados nunca verán,

por roer la miseria del rebaño que nos hemos visto escapados,

por endulzar el pasto que hemos sido delatados

y el campo abierto se muestra sediento como la herida creciente,

como nosotros clamando fuera el hueco y la techumbre,

dientecillos de las hierbas,

del zorro los alaridos para torcer la noche próxima.

 

Exigen cuerno los mugrientos de espíritu para desarmar la madrugada,

y es lo que demandan, como nosotros clamando fuera el hueco y la techumbre,

que por querer enfriar el cadáver su hálito se vuelve sediento,

viscoso de adoctrinado, y como nosotros clamando,

fuera el hueco y la techumbre,

y no tiemble nuestra mano por echar diente a la boca.

*

Es ahora cuando el hambre y la miseria nos han mostrado su cariño

empapado de palidez para poder tragarlo,

una vez más la visión futura baila expelida de carencia,

para poder beber la sed de un mantel bien dispuesto

y una copa dorada en sus ornamentaciones,

y entonces el hambre y la miseria se abrazan a nosotros

y nos visten compasivas en su pálido camisón,

abrigados de su decencia tres terneros rocían de espanto la caldera de nuestro vuelo

y un águila vomita esmeraldas desde lo alto para abrigarnos de su vergüenza,

siento el aliento para sentir el suave contoneo del ayuno,

aliento para nunca tener hambre que habremos aprendido

a comernos del aire y acostarnos sedientos.

*

El hambre es la casa del que no tiene una propia,

los cimientos para guarecerse cuando no existen cobijas,

los cobardes han marchitado de bocas la planicie

para que los pastos salvajes no humedezcan nuestros tobillos,

y nosotros amamos carentes, como un nosotros sediento,

sin mundo como casa de quien no tiene una propia,

plantada la resistencia en la absoluta inanición

y usurpadas las nieves habremos heredado el frio

para abrigarlo en nuestros pulmones y calmar nuestro apetito.