CANTO GREGORIO

¡Oh pobre Gregorio!

El mapa de su cuerpo se desmembraba en extensas superficies agujereadas,

ligeros huecos de su ser renacían tibios frente a la basta dilatación,

frente a la apagada dilatación del desierto que se presentaba ante su existencia.

Se cuadraba disciplinado. Su cuerpo era suyo.

Su intención cambiante de sexo y coraza. Alumbradora . Desterritorializada.

Comprender como se deshacían por dentro sus propias densidades fue batalla y

embrolla tarea.

Ahora disfrutaba de imágenes que se deshacían y se rehacían mostrándose grandes y palpitantes, abrumadoras prominencias de suaves senos y curvas de membranas

retorcidas por el placer.

Espinosos pezones y jugosos emboques de fluir amatorio.

Labios y vaginas. Ingles exotéricas.

Sutiles cardenales y mordiscos cautelosos de ser considerados caníbales instintos. Penetraba en ello corridamente y era penetrado por el reflejo de esa misma circunstancia.

Ida y vuelta.

Gregorio no podía desear sin hacerse uno y eso no era nada tranquilizador.

Podía ser pavoroso pues podía fallar.

El fallo era bello. Sus densidades no lo eran.

Realmente existía la posibilidad de un fallecimiento certero.

El ansia que portaba era inalcanzable puesto que era un límite.

El día y la noche. La espada y la pared.

El umbral de la puerta bailaba junto a la comisura de los labios.

La piel se mostraba como mucosa que separaba el interior de su cuerpo

de todo el resto universal.

La distancia que se estimaba entre le arriba y el abajo no era misma que la tasada entre el abajo y el arriba.

Y eso era cierto, pues podía fallar.

Diabólico era lo que decidía y simbólico lo que acercaba.

 

Lo primero era olvidarse de toda aquella inmensidad devastada,

desaparecía el empapamiento y sin mojadura no había deseo,

todo como una descomunal catarata de interior que se desencadenaba desde sus altos

ya cristalinos, casi extasiados.

Gregorio caminaba detrás de ese padecer con paso animado.

¡Detente Gregorio!

Lo que escucho desde el otro lado,

desde las bastas y estériles extensiones de su desierto.

¡El desierto crece!¡Recupera tu yo!

¿Por que no ir todavía más lejos si no había encontrado el ansiado límite?

¿Por que si no había desmenuzado suficientemente su yo?

Cuestión de vida y muerte,

de juventud y vejez que se abrazaban sobre su cuerpo.

Su cuerpo.

Su cuerpo es lo que queda cuando se ha suprimido todo,

poblado por intensidades, vaciado de órganos,

únicamente poblado por intensidades que recuerdan los ornatos de las espaldas

arqueadas del placer ,

recuerdan los realces de las sudorosas encías mojadas por el deseo,

recuerdan el apetito insaciable de su desecho interior,

recuerdan al lado más umbroso de su febril

y liberada finalidad.

 

¡Oh, pobre Gregorio!

AGUAS CON LOS CHARCOS

Los festejos sepulcrales,
Muchas horas durarán;
Los muertos asistirán
Con vestidos especiales.

 

ANÓNIMO          
GRAN BAILE DE CALAVERAS. 1906.

 

 

Ojos que claman

y claman por aguas,

jardín de mofeta y sones constantes

dejando de lado,

a ojos que claman por aguas,

claman por charcas,

por parcas.

 

La banda llama al afuera y el adentro le hace su hijo,

y agüitarse no tiene sentido,

y escapar será un único olvido en senda de tapetes florales.

La cuneta siempre lame sus manos embarrada,

siempre allá pernoctando donde se paran los huesos

y la costumbre se torna eterna y dichosa,

dichosas penurias, dichosos rechazos,

dichosos augurios,

dichosos huesos fríos y sin cobija.

 

Aguas con los charcos pues la fiesta está servida en un barrizal,

servida de banderitas de colores y calacas dulces,

y aún servida de muerte que no nos reclama el ahorita perpetuo de la bella dama.

Siempre acontece en estas fechas

donde las máscaras desprestigian aunque se las quiera,

donde la banda llama al afuera,

ojos que tornan en charcos

y ojos que claman por aguas,

aguas con los charcos

y aguas con las parcas.

DELICIOSOS Y FANÁTICOS

Violence upon the roads: violence of horses;
Some few have handsome riders, are garlanded
On delicate sensitive ear or tossing mane,
But wearied running round and round in their courses
All break and vanish, and evil gathers head:
                                                WILLIAM B. YEATS
                                   “Nineteen hundred and nineteen”

 

«Y aquel que camina una sola legua sin amor,
camina amortajado hacia su propio funeral»
                                                                     Walt Whitman

 

Pronto se fue la lluvia,

la que se calmó ácida sonrosada sobre tu dichoso pellejo,

la que escurrió plácida sobre tu desenvainar

meciendo tus cárnicas belfas abultadas de tanto delirio.

Estabas preciosa,

y lo jugoso se entretenía aquí y allá,

seductivo y entrevisto,

evadiendo la presión,

mirándome lastimero a través de un calambre acelerado

radiante en tu columna vertebral,

y me miraste lastimosa a pesar de que la acción

(amatoria que era inminente)

pretendía un final atroz por embestirnos del letal homicidio,

nosotros vestidos de cruenta sazón

y tu preciosidad continuando fresca indeleble.

 

Guarda las armas de pelo y enfunda tu sana mesura,

desabrocha con mimo la lenta cremallera lento,

desenvaina la venganza impúdica,

emerja salada la vergüenza,

y abalancémonos reprimiendo toda misericordia

por los cienes de cientos que penarán,

por las intenciones incapaces de reprimir nuestras osadías

una vez consumidas en las dispersas sábanas de esta noche indiscreta.

Alarguemos nuestra sospechosa sombra sobre las víctimas civiles,

clamando ese ahora donde no somos nadie y

ni un ápice de compasión podrá detener los

daños colaterales de nuestra cola jurásica blandiéndose en exceso,

desmelenándose obscena,

estallando los miles de pedazos inocentes y sanos

que nuestro ansia necesita para saciar

los alaridos de la mustia música que prestan a nuestros oídos.

 

Para envejecer no necesitemos al tiempo no,

date cuenta, paladea lento,

solo las gatadas saladas de una crónica Meinhof

aventando nuestra eterna ira de satén

y el deseo febril de una nueva partida sobre todo el territorio

para marcar la huella de la discrepancia sobre su plácida historia,

intentando imaginarnos dilatados pero muriendo a demasiada velocidad.

Sanguijuelas sanguinolentas nos nombran esclavos con sus coronas

y nuestras cadenas siguen golpeando fuerte,

gimiendo en exceso,

señalando a una multitud de sanguijuelas sangrantes

que por nuestra vena asesina nunca más caminarán en vida,

ni en cadenas esclavas.

Y queremos matarte a ti también,

queremos amarte amargo por lo juicioso de nuestros actos,

nuestros caninos actos que caminan recluidos

bajo de las plácidas mantas que otorgan

el calor a todo occidente,

y si en otras latitudes han de morir iracundos,

entonces nuestra ira sacará los boletos

para desplazarnos sedientos buscando

las incendiarias cartografías.

 

Por lo vicioso de nuestros actos que no estoy versando de morir o matar,

ni de un juicio necesario, ni de una coqueta debacle,

acaso de una ridícula mordaza que no sirve para doblegar

ni mucho menos para obligar,

acaso de una herejía que mastica tiernas libertades

y por ello me relamo,

canina en los dientes,

la sangre vertida.

(YUK)

Y puesto que mis ansias nunca hallarán tu orilla, 
el naufragio será por siempre perpetuo.

 

He visto un ambiente local de acometidas severas y húmedas visiones,

que se rehace del polvo caliente al sol quemante,

que mis ojos sudan mientras aceleramos las cuatro ruedas de latas rosas

crujiendo sobre el asfalto de nocturnidad tarántula que vemos desde nuestra voracidad.

He visto como el manto de la verde espesura ahoga y otorga,

y mastica ruidos constantes como prueba celeste de espesura violenta que otorga y

resguarda,

y cacarea ritmos proscritos chillando de apareamiento,

y se contonea furtiva,

y nos muerde la sangre.

He mirado desde el techo de los pájaros,

aturdidos de medicina,

extasiados en la guaya,

donde lo verde se exhibe con nosotros,

donde se erige la iluminación culpable del templo impuesto y podremos observarla

atravesando por la ventanilla los interminables hachazos que recortan la enramada para dominarla,

y aun así no somos nada donde el conato de la revolución se estrelló cargado de

dinamita etílica para morir en el piso desecho,

donde los ladridos son sordos de perro constante y son escuálidos sobre el asfalto,

donde iguanas y zorrillos pasean la húmeda bola de plumas fecundada,

donde abro la puerta para embocar a la parsimonia,

donde la parsimonia es la calma y es ceremonial el transcurrir que bulle,

y es pasivo y continuado como su aliento en la pausa,

con cargas que son lentas y continuadas,

con sus pequeños templos de suministros variados,

con abrumados pies que avanzan continuados de sus sudoraciones.

He visto el raso del suelo dormido,

atrayendo pequeños chamucos de espesura para que te besen en la nocturnidad,

para que te susurren en las alturas de hamaca y contaminen tu sueño deshecho.

Estamos batiendo concretos resquebrajados por el solo placer de pisar torpemente,

soltando leves enérgicos en favor de algún placer,

o intención de hacer, o alguna impronta vital.

He visto la sonrisa continuadamente pobre sonriendo desde la languidez ancestral,

que sonríe para recordar,

para creer que todo continúa implacable mientras el respeto es cuidadosamente

respetado,

mientras el respeto no sea violentado por la cadencia de la sangre.

En la hipnótica he visto a las actitudes limpias reptar sobre el suelo,

polvoroso y caliente reptil,

pero siguen ardiendo y el agua es caliente y densa en los tejados,

y deben seguir ardiendo para no consumirse,

y pesan las losas heredadas como una cruz de fierro,

como torreta de alta tensión plagada de zopilotes.

He visto como pesan los propios pasos y la mágica fe de los altares,

he visto a los tamales sinceros de la madrugada golpeándose contra el oxxo,

06:30 de las mañanitas,

y el polvo es caliente donde la parsimonia reina continuada y exuberante,

donde la tierra de si misma se desgarra,

donde la cruda te abraza fraternal y dispuesta.

Delicados cigarros delicados,

y el tiempo es despacio y las actitudes son lentas,

delicado el polvo delicado para ver como la tentación siempre luce

virginal e intocable,

para contemplar un rey que quema y sulfura el húmedo coloreado

de rosas histriónicos, azules de fuerza,

amarillos miméticos rojos suntuosos.

He visto con mis ojos donde el tiempo no es rápido y el polvo precioso,

donde de pronto truena y paladeo nuevamente tu sabia,

y de relámpago se alivia el ímpetu y se huracanan las trombas contra el cristal,

cargantes ambientales desbordadas,

lagunas inmediatas para que todo se acelere sobre la pausa cenagosa,

y el tiempo es despacio, y las actitudes calmosas,

y los canes ahorita no ladran,

y los carros no bocinan.

Ahora pago en una sola exhibición nomás cruzando la calle,

y tomo lento pero continuo,

y ahora el polvo es rápido, y las actitudes precisas,

y sigo mirando como el tiempo dilata las arterias

que tomando rebosan sedientas,

en los bordes de la visión.

 

 

 

Valladolid, Yucatán, México 2012