VIOLENCIA EN LA PLANTACIÓN

De donde nace todo el hundimiento se recogen las simientes

se hunden nuevamente en las terrosas entrañas

y es dulce la espera agria, empalagosa para embriagar los músculos

y los tendones que gimen para concentrarse

y hacer brotar un nuevo hundimiento que lascivo germinará.

Sacaron el puñal hundido en su pecho

y la sangre

la sangre

la sangre para abrir camino era un coral raudo y preciso

y grandes criadoras

con sus grandes senos

con sus bastos muslos

jaleaban la hemorragia y acompañaban el pulso que lento

lento

lento desbordaba de su pecho al suelo callado

apagando al herida

derrumbado el consuelo

y volviendo a brotar.

Anuncios

HIJO DE LA CAZA

“Si el lobo os alcanza y os devora, saboread al lobo”
Jaime Jaramillo Escobar

 

«Danzando sobre las partituras de lo confuso habita
agazapado el germen necesario»

 

La maleza agazapada absorbió las emanaciones furtivas

de tu alimento brillante tuétano,

abrazado a tu suave sombra su frescura,

devorando lo insaciable que se muerden nuestros hálitos

y nuestros tempranos instintos también se lamen las zarpas.

Un enjambre de ojos es el que aguarda para desnudarte,

Enmarañado es el destino que habitas para desnudarte y

ocupar un lugar en la luz.

Hay algo que brilla en Ceres, algo difuso,

la felicidad se nos muestra como un rifle candente,

acelerador de proyectiles que babean de gusto,

regocijándose,

todos los héroes agachan su cabeza

porque la caza ha de ser dichosa,

el dios sin cuernos ya nunca más estará triste

y todos los héroes agachan su cabeza.

 

Quiero cabalgar salvajemente tu derrota,

yo cazo para ti y ofrezco tu sangre,

cazo para ti y ofrezco mi sangre

en la más santa de las sangrías,

quiero cabalgar,

cabalgar tu derrota,

muéstrame tus senderos y enarbola tus cadenas

para que cargue tu peso,

para ofrecerme en tu cálido vacío,

lo llenaré de mi y seré tu sombra

y rebosaré ardiente en tus entrañas.

 

Editado en «PANÓPTICA PRIMERA»

por la revista de poesía LA GALLA CIENCIA.

Nº CU4TRO. Octubre 2015.

BENDICEME CON TU CASTIGAR

Porque vestías tantos anillos era imposible el acariciarte,

hacer nada por ser nada sin ni siquiera rozar

el escaso bello en un cuerpo indiscreto.

Anillos de planicie para repetir el mismo cortejo ceñido,

de cabellos quebrados y precintos preciosos.

Desbocan nuevamente los caballos desahuciados

una vez extintos en antiguos continentes,

para que sigas ofreciéndome en silencio una sospecha,

siguas cavando hondo por salvar tu rostro huidizo

a salvar mi lucha labrada.

Sigue siendo de este laberinto la anguila del cuerpo latente,

para detenerse en la justa línea proscrita donde insaciable

mirar tu frío lácteo de madrugada.

 

Conocer al calor destruye el magnetismo propio de los imanes

y aún así mis tendones aúllan por tal acercamiento

como el anticuerpo dormido de un plácido enfermo.

Te pudres en mi boca carbonizando tus gestos,

dulce aroma que realza

la dulce ruina de todos los presos.

 

Ládrame al oído suaves venenos,

pues si tuviese una espada dormida

dormiría en silencio

de montañas tan altas

que su cima es desierto.

NUEVOS MARES PARA NUEVOS AMANTES

«O Captain my Captain
Our fearful trip is done;
The ship has weather´d every rack,
the prize we sought is won»
                          Walt Whitman

 

«multiplican sus ídolos
para correr en pos de ellos
yo no quiero verte
ni pronunciar sus nombres
con mis labios»
                  Eclesiástico 16:15

 

Se acabó el padecer para los navegantes,

ellos arrancan sus naves dejando tras de sí

los surcos perpetuos en su partida,

tentando dar sentido a sus días sin norte,

buscando la moneda debajo de las piedras

pero esos gusanos no tienen valor alguno.

 

Los lagartos del sol que más calienta se aferran a la costa,

no quieren desechar su herencia templada,

su innata y dulce situación.

Los navegantes no se detienen, no hay ancla ni noray,

las cenizas no calientan pero recuerdan que hubo candor,

y nunca estuvo tan oscuro

como justo antes de amanecer la tristeza de verse amenazado.

 

La felicidad es una farsa que sirve para domesticar

se repiten incesantes atrapados a la costa,

lo verdadero fluye habitando en un momento de lo falso

mientras que la temperatura de sus juicios

caldosa se vierte en un derramar continuado

de frialdad en sus actos, en los navegantes,

izando la condición de su destrucción

por sus manos propias de salitre y ásperas.

 

Si permitimos que su eterno verano nos haga sudar las sienes

y broncee nuestra miseria, se repiten incesantes,

nunca el invierno en nuestros valerosos actos podrá salvarse.

Rezuma el burro de la sacralidad

como rebuzna el muro del lamento

en la vorágine de lo moderno

y su maquillaje ridículo,

en altas pleitesías se deshace el alimento

ofrecido para presentarse masticado

delante de los que digieren,

en mal estado,

toda la constante y patraña vertida.

 

A lo lejos,

mientras abandonan atraque

galopando en corrientes,

la voz rasa de sus braseros

entona una canción…

 

«Una corriente me arrastra

y yo me dejo llevar

en el fondo me veréis

junto al limo divino

mamando en las ubres

salvajes por descifrar.

 

Mis brazos son inservibles

y mi pulso deriva sediento

en el fondo me veréis

junto al limo divino

mamando en las ubres

salvajes por descifrar.